Mares versus plástico

El plástico contamina los océanos, acaba con la vida marina y daña el planeta. Pero hay alguien con una solución.

Publicado por David Thomas


Boyan Slat podría ser como un joven cualquiera: tiene 22 años, todavía vive con su madre; si se lo encuentra por una calle de Delft, en Holanda, menudo, con barba de un par de días, pelo largo moreno, jeans y camisa suelta, se podría pensar que es un estudiante de la universidad local. Y eso es lo que era hace cuatro años.

 

Además, si lo vieras en un video del Huffington Post, al timón de un barco de navegación, con la melena al viento, podrías también tomarlo por cantante de un grupo de música juvenil.

De hecho, es el fundador de una ONG cuyo nombre describe su propósito: Ocean Cleanup (Limpiar el Océano). Su propuesta es tan sencilla como difícil de conseguir: “Podemos conseguir que los mares vuelvan a estar limpios”, afirma.

El objetivo de Ocean Cleanup es utilizar la innovación tecnológica para eliminar el plástico que flota en el Gran Parche de Basura del Pacífico, y de los demás océanos de la Tierra en los que los ‘remolinos’ o las lentas corrientes giratorias, atrapan enormes cantidades de residuos plásticos.

Este chico es defensor del medio-ambiente, pero considera la tecnología como un aliado en vez de un enemigo. “Creo que es el agente de cambio más poderoso que tenemos. Crea unos cimientos sólidos y abre un ingente número de posibilidades.”

 

Foto: Michel Porro / Getty Images

 

El optimismo de Slat y su sentido de la oportunidad son obvios. “Las personas sobrevaloran las consecuencias del fracaso”, asegura, comentando lo que él considera “una tendencia mundial a los proyectos de poco riesgo y bajo impacto”.

En los cincuenta, sesenta y setenta, hubo una oleada de proyectos gigantes y locos como el programa espacial Apolo. Para sobrevivir el próximo siglo, deberíamos tener el mismo espíritu loco”.

 

El desafío es inmenso. Se estima que todos los años, entre 5 y 14 millones de toneladas de plástico llegan al mar desde tierra. La ONG The Ocean Conservancy ha advertido que en la próxima década los océanos podrían albergar un kilo de plástico por cada tres kilos de peces. El plástico, que actúa como una esponja absorbiendo las toxinas del agua, es el principal responsable de muchas de las enfermedades —e incluso muerte— de la vida marina y de los peces pequeños que lo ingieren en forma de pequeñas partículas y que finalmente acaban en los estómagos de los seres humanos.

 Se sabe que aproximadamente 267 especies distintas, incluidas aves marinas, tortugas, focas y ballenas, se han visto afectadas por los residuos marinos porque se han quedado atrapadas o porque los han ingerido.

El plan de Ocean Cleanup es crear grandes formaciones de barreras flotantes en forma de V, posiblemente de hasta 100 kilómetros de longitud, ancladas en el fondo marino a una profundidad de unos 4.000 metros. Dichas barreras capturarán los residuos plásticos transportados por las propias corrientes hacia el centro de la ‘V’ y una vez allí, se almacenarán en torres flotantes desde donde serán recogidos por barcos y llevados a tierra para su reciclaje.

Slat fabrica bolsas con los perdigones de plástico azul que espera vender como materia prima a los fabricantes para nuevos productos. “El problema no es el plástico —afirma—. Es un material estupendo, y nunca dejaremos de usarlo. Pero no debería emplearse para usos desechables.”

 El diseño de Slat fue nombrado uno de los 25 mejores inventos de 2015 por la revista Time. El Gobierno holandés también reconoció el mérito del proyecto y anunció que donaría 500.000 euros para financiar el proyecto piloto de Ocean Cleanup en el Mar del Norte. La ministra de Medio Ambiente, Sharon Dijksma, dijo: “Nos gustaría promover este tipo de maravillosas innovaciones a fin de explicarles a todos sobre cómo debemos tratar nuestros escasos recursos naturales y fomentar más el reciclaje”.

“Nunca seremos capaces de limpiar hasta el último kilo de basura del océano, pero queremos eliminar lo máximo posible en el menor tiempo posible”, afirma. “El punto de referencia de nuestros ingenieros es el 50 % en 10 años, pero queremos ir más rápido y ser capaces de eliminar el 90 %. Eso significa cientos de miles de toneladas.” Cleanup pretende tener listo y funcionando sus primeros proyectos a gran escala a finales de 2018. Para pagarlos, se han recaudado varios millones de euros entre filántropos, empresas y organismos gubernamentales, con el objetivo de 15 millones de euros.

 

(Foto: The Ocean Cleanup)
 

¿Cómo consiguió Slat llegar a ser el jefe de semejante organización?

 Slat no tiene título universitario, pero no es por falta de capacidad. Dice que cuando en el colegio sus compañeros veían películas de Disney, “yo estaba realmente interesado en cálculos básicos. Me divertía crear cosas. A los dos años, me fabriqué mi propia silla. Más tarde hice casas en los árboles y tirolesas. Siempre he tenido mis proyectos y para mí no hay mejor sensación que tener una idea y ver cómo se convierte en realidad.”

 A los 16 años tuvo una experiencia que cambió su vida. De vacaciones en Grecia, Boyan hizo un curso de submarinismo. “Yo esperaba ver cosas bellas en el agua, pero todo lo que vi fue basura acumulada en el fondo marino. Pensé, ‘¿Por qué no limpiamos esto?’”

Tenía que hacer con un amigo un proyecto de ciencias de final de estudios del instituto, así que investigué. No dejaba de leer que no había solución. Curiosamente, una de las personas que dijo que el concepto era imposible, dio a Slat la idea para su proyecto. “Estaba viendo un video de un oceanógrafo explicando la dinámica de los océanos. Mostró una animación de todo el plástico moviéndose y dijo que ese era otro de los motivos por el que no podíamos limpiar los mares. Pensé ¿pero es eso cierto? Quizá puedas convertir el movimiento en una ventaja. ¿Por qué ir al océano cuando el océano puede venir a uno? Ese fue el fundamento de la idea.”

En octubre de 2012, a los 18 años, Slat hizo una presentación de su idea en su universidad. Empezó como si se tratara de un comediante de monólogos. “En el pasado hubo una Edad de Piedra, una Edad de Bronce y ahora estamos inmersos en la Edad de Plástico... Si queremos comprar una galletita, tenemos que comprarla con un envoltorio de plástico, en una bandeja de plástico y dentro de una caja de cartón envuelta en un film de plástico y dentro de una bolsa de plástico. No es un residuo nuclear peligroso. ¡Es una galletita!”

A principios de 2013, su charla fue recogida por nuevos blogs estadounidenses y se hizo viral de la noche a la mañana. “De repente, empecé a recibir 1.500 emails al día. Llamé a amigos y nos sentamos en mi cama con las computadoras portátiles para leerlos.” Se vio inundado por más de 400 peticiones de medios de comunicación, junto con ofertas económicas. Gente de todas partes del planeta se ofrecía a colaborar. Slat recaudó unos 90.000 dólares a través de una página Web de crowdfunding y elaboró su primer estudio de viabilidad en 2014. Pero con los primeros signos de éxito llegaron también los primeros reveses.

Slat empezó a atraer respuestas escépticas y críticas de activistas y especialistas en medioambiente. En julio de 2013, Stiv Wilson, el entonces subdirector del grupo de conservación de los océanos 5gGyres.org declaró: “Las barreras para aglutinar la limpieza son tan inmensas que la gran mayoría de la comunidad científica piensa que es la visión de un loco: el océano es grande, el plástico recogido es prácticamente inútil y la vida marina se vería dañada”.

 

(Foto: Shutterstock)

 

Después de haberse convertido en el ganador más joven del premio medioambiental global de Naciones Unidas, el Premio Campeones de la Tierra, Slat está reclutando ejecutivos que podrían ser su padre, porque creen en él.

Allard van Hoeken, de 47 años, fue contratado por Ocean Cleanup para ser director de operaciones tras dos décadas trabajando en ingeniería de alta mar. Admite: “Entiendo que hay personas que estudian el sistema de Ocean Cleanup y dicen ‘esto no va a funcionar’. El océano destruye todo con el tiempo, eso es un hecho. Los retos son enormes. Pero estoy convencido de que el sistema va a funcionar.”

Por lo que respecta a Boyan Slat, van Hoeken afirma: “Es el motivo por el que acepté. Inspira a la gente.”

Hace unos 18 meses, Ocean Cleanup envió 30 barcos de vela a navegar 30 días y rastrear el Pacífico en busca de plástico. “En un mes recogimos más plástico que en todas las expediciones similares desde 1972,” afirma.

¿Qué es lo que impulsa a Slat? “Definitivamente no me muevo por el dinero —dice—. Yo quería solucionar un problema y nadie más se ocupaba. Si alguien más puede limpiar el océano, mejor que mejor. No importa si somos nosotros, lo importante es que alguien lo haga. Y si alguien más lo hace, me buscaré novia, leeré un libro y... buscaré un nuevo problema que resolver.” 

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