Un hombre junto a personas discapacitadas en una de las carreras más peligrosas del mundo.



Es un día frío, gris y lluvioso en la Bahía Rushcutters de Sydney, pero en la costanera del Crusing Yatch Club de Australia, colmada de gente, la tensión no podría ser mayor.
Dentro de cuatro horas, empezará la carrera de yates Rolex Sydney Hobart, considerada como la competencia oceánica más difícil y —seguramente— peligrosa del planeta. Competirán unas 100 embarcaciones elegantes, valuadas en miles de millones de dólares.
Albert Lee, quien perdió ambas piernas en un accidente de tren pero está a punto de embarcarse en su cuarta carrera Sydney-Hobart, recorre ágilmente la proa del barco utilizando sus manos. Al Grundy, otro competidor veterano que jamás dejó que su pierna derecha afectada por la polio se interpusiera entre él y la carrera, coordina las velas.
El nuevo integrante de la tripulación, Mark Whiteman, tiene tan solo ocho semanas de experiencia en navegación. “La forma políticamente incorrecta de describirme es como ‘el tipo sin piernas y un solo brazo’”, dice este hombre con amputación doble debajo de las rodillas, deficiencia de un dedo y los huesos de la mano izquierda. Realmente está muy nervioso.
“Esta tripulación ha pasado por las peores cosas imaginables”, cuenta Liesl. “Hemos entrenado nadando debajo del barco, tuvimos visiones de estar con una linterna en la boca y un cuchillo en la mano para liberarnos. Pero este barco no sólo salió indemne en la carrera Sydney-Hobart de 1998 (en donde seis competidores murieron a raíz de las fuertes tormentas), además, ganó en su categoría”.
Aquí hace una pausa y habla de sus sentimientos sobre la tripulación. “Estas últimas seis semanas han cambiado mi vida”, afirma Liesl antes de romper en llanto, luego respira profundo y se recompone. Mientras ella se aleja, David Pescud, el dueño y capitán del barco, aparece desde bajo cubierta.
“La carrera de hoy es especial", dice, y no simplemente por su tripulación, que incluye a cuatro personas sin discapacidades y diez con discapacidades que van desde la ceguera hasta la espina bífida. Ha sido capitán de muchas carreras con una tripulación de personas con discapacidades. “Estos tipos son estrellas de rock, amigo”, dice. “Pueden competir contra cualquiera”.
¿Lo pone nervioso esta carrera? “No —afirma—. Mira, puedes navegar en un barco hacia Hobart o puedes competir en un barco hacia Hobart. La clave es simplemente llegar a Hobart. Y con llegar a Hobart, ya ganamos”.
El viaje personal de David Pescud empezó en la escuela primaria, a los siete años, en 1954. “Simplemente no podía aprender a leer ni a escribir —cuenta—. Los símbolos impresos se superponían unos con otros; veía patrones que no estaban allí.
“Me castigaban la mayoría de los días porque no ‘quería’ aprender, y terminaba con un sombrero de burro, sentado en un rincón. Lo irónico es que amaba los libros. Me encantaba el olor, la textura que tenían. Pero no podía leerlos”. Al llegar a la secundaria, David “sabía” que era “burro”.
David y su familia vivían cerca del agua, en Sutherland Shire, un distrito del sur de Sydney. Adoraba la navegación.
Pero la escuela era un infierno. A medida que la frustración de David aumentaba, su comportamiento se volvió más violento e impredecible. Todos los intentos de ayudarlo fallaron: desde su padre leyéndole, a su madre intentando inculcarle el deletreo para las pruebas escolares.
Un día, en un campamento de verano en 1961, David se metió en problemas mientras nadaba cerca de una presa crecida en el río Nepean. Su padre se zambulló para salvarlo y se ahogó. Al poco tiempo, el traumatizado adolescente dejó la escuela para siempre.
Finalmente, tras realizar otra serie de pruebas, David descubrió que su problema tenía un nombre: dislexia. De repente, todo cambió. “Si bien me llevó 30 años recuperar realmente mi confianza, ya no era estúpido. Era disléxico. Eso es una gran diferencia”.
David siguió con su vida, se casó y estableció su propio negocio. Sabía cómo ganar dinero y cómo ocultar su afección. Sólo su esposa sabía que él no podía leer ni escribir.
Ella se ocupaba de los contratos, organizaba el papeleo y se aseguraba que las cuentas estuvieran en orden. Su divorcio, cuando David tenía 36 años, fue un golpe muy fuerte. “Tuve que empezar a lidiar con eso de verdad —dice—. Fue difícil, pero lo superé. De hecho, mi vida laboral iba bien. Y durante todos los momentos, buenos y malos, seguí navegando. Antes de cumplir 40 años, ya tenía mi propio yate”.
A comienzos de la década del noventa, David se dio cuenta de que había ganado suficiente dinero como para jubilarse. Su plan era pasar el resto de sus días navegando alrededor del mundo en su propio yate de 16,5 metros pero en diciembre de 1993, mientras ayudaba a un amigo a construir un barco, escuchó una entrevista de radio con alguien que quería competir en la Sydney-Hobart. Lo que le llamó la atención fue que ese hombre era parapléjico y que quería intentar competir como parte de una tripulación de personas discapacitadas. ¿Pero quién iba a ayudarlo?
¿Por qué no?, pensó David, quien terminó por ofrecer su propio yate, buscar patrocinadores y cofundar SWD. En los meses subsiguientes, él y sus nuevos colegas invitaron a los nuevos miembros a sesiones de navegación con el fin de encontrar y entrenar una tripulación para la competencia Sydney-Hobart de 1994.
El SWD siguió compitiendo en otras carreras más pequeñas de la costa este, además de en la famosa carrera oceánica de yates. En la trágica carrera Sydney-Hobart de 1998, David nuevamente capitaneó el yate SWD. Su equipo no sólo llegó a la meta sano y salvo, sino que ganó en su categoría.
En 2003, David lideró un intento del SWD de romper el récord de navegar sin escalas y sin ayuda alrededor de Australia: navegaron 6.500 millas náuticas en 36 días, una hora, 23 minutos y 57 segundos, y rompieron el récord que tenía hasta entonces una tripulación de personas sin discapacidad por una diferencia de más de seis días y medio.
SWD está impulsada por la misión que se declara en su sitio web que “las personas con discapacidades son capaces de participar en roles activos y responsables dentro de la sociedad y deben ser tratadas como iguales”. Para difundir el mensaje, la organización lanzó un programa juvenil para llevar a los niños discapacitados y las personas encargadas de ellos al puerto de Sydney y a bordo de su ahora famoso yate de carrera.
“Hace siete años, llevábamos a unos 300 niños a navegar —dice David—. Hoy son más de 3.000. Tenemos programas para niños discapacitados, para sus cuidadores y para chicos en riesgo”. Sonríe, pensando en su propia vida. “Hay dos cosas que uno siente cuando es discapacitado. En primer lugar, la soledad y, en segundo lugar, se siente con muy poco poder. Uno depende de otra persona todo el tiempo. Lo que hacemos es revertir este proceso. Los niños suben al barco y toman el mando. “¿Quieres ir a Hong Kong? ¿A Fiji? Bueno, vayamos… Siempre y cuando estemos de vuelta para el almuerzo”.
Es tan poderoso que la cadena australiana SBS ha hecho una serie de cuatro capítulos acerca de David, el SWD y lo que sucedió en la carrera Sydney-Hobart de 2009.
La SBS puso a dos camarógrafos a bordo del Sailors with disABILITIES mientras David y su tripulación batallaban contra el clima y el resto de los yates. Tras estar con frecuencia a la cabeza de su categoría durante la carrera de tres días (“Y no, la categoría no era para marineros discapacitados”, aclara David), su yate cruzó la línea de llegada en segundo lugar, un triunfo para David.
Si bien esta carrera ya terminó, hay batallas más grandes en el horizonte. Si la SWD no consigue nuevos patrocinadores, la competencia y el trabajo con los jóvenes verán su fin. “Nos estamos quedando sin dinero”, expresa David. Admite que todavía siente enojo y frustración por la lentitud con que las actitudes para con las personas discapacitadas parecen estar cambiando, por cómo los recortes del gobierno afectan a los más vulnerables y por lo difícil que puede ser para alguien obtener apoyo para llevar una vida digna y productiva.


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gis_
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joseluis13
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16/12/2011 14:16
Ainhoa
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SIEMPRE QUE SE CUENTE CON GENTE SOLIDARIA QUE DE UNA MANO A LOS DISCAPACITADOS, ESTOS PODRÁN HACER REALIDAD MUCHOS DE SUS SUEÑOS.
10/12/2011 11:37
gis_
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14/11/2011 10:54
carito064
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Laury_bel
28/08/2011 00:55
genoves
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05/08/2011 17:36
ADRIANA59
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Un apaluso muy grande al protagonista, por haber encontrado justo a tiempo el rumbo correcto de su vida !!!
En Argentina se desperdicia tanta television reality, vanal y vulgar, ... y noy hay lugar para VERDADERAS HISTORIAS DE VIDAS DIGNAS DE COMPARTIR !!!!
(Sera por eso que veo tan poco TV de aire ?)
17/06/2011 20:08
madrina2000
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15/06/2011 16:15
cielogris
Entre Ríos
17/05/2011 21:30
banknotes
Buenos Aires
Me hizo recordar cuando trabajaba cerca del Centro de Rehabilitacion para Discapacitados y los veia que subian al colectivo trepandose como monos, yo me quejaba de tener que tomar unos remedios toda la vida, desde ese entonces no dejo de mirar al cielo y no me queje mas de mi salud
04/05/2011 16:56
nonita1948
Buenos Aires
19/04/2011 13:39
bailarina
Buenos Aires
Muchos son los discapacitados que existen, pero no me refiero a la discapacidad motriz o de otra índole, si no a aquellos que su mente no está capacitada para entender a estas personas.
Ojalá puedan continuar en algo que les lleva a ser felices.
Gracias Selecciones por dar a conocer a estas personas.-
15/04/2011 01:05
Patricia1
Córdoba
10/04/2011 01:47
soloar39
09/04/2011 13:20
Bombonita
Mendoza
y demostrar al mundo cuanto mas pueden hacer.-
01/04/2011 21:17
MIGUELMM
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